Qi Gong: el arte de cultivar la energía y volver al cuerpo

Vivimos en una época en la que muchas personas sienten que su mente va por un lado y su cuerpo por otro.

El estrés, la hiperconexión, las prisas y las exigencias del día a día pueden llevarnos a habitar la vida desde la cabeza, desconectándonos poco a poco de nuestras sensaciones, de nuestra respiración y de nuestra capacidad natural para encontrar equilibrio.

Quizás por eso, prácticas ancestrales como el Qigong están despertando un interés cada vez mayor en Occidente.

Pero el Qigong no es simplemente una forma suave de hacer ejercicio. Es una práctica que invita a desacelerar, a respirar, a sentir y, sobre todo, a volver al cuerpo.

¿En qué consiste realmente esta práctica milenaria?

El Qigong —también escrito Chi Kung— es una práctica milenaria originaria de China que combina movimiento consciente, respiración, atención y diferentes posturas corporales.

Su nombre está formado por dos conceptos:

Qi, que hace referencia a la energía vital, y Gong, que significa cultivo, práctica o trabajo.

Podríamos entenderlo como el arte de cultivar y armonizar la energía a través de la práctica.

Desde la perspectiva de la Medicina Tradicional China, el cuerpo no se entiende como algo separado de la mente, las emociones y el entorno. Todo forma parte de un mismo sistema en constante movimiento.

Por eso, practicar Qigong no consiste únicamente en mover el cuerpo.

Consiste en aprender a escucharlo.

Una práctica ancestral que sigue despertando interés

Durante siglos, el Qigong ha formado parte de la cultura y las prácticas de salud en China, asociado al mantenimiento de la vitalidad, la prevención y la longevidad.

Hoy, la ciencia también está empezando a prestar cada vez más atención a este tipo de prácticas cuerpo-mente.

Una de las revisiones más amplias realizadas hasta la fecha sobre ejercicios tradicionales chinos analizó miles de estudios relacionados con prácticas como el Tai Chi y el Qigong, encontrando beneficios en diferentes aspectos de la salud física y del bienestar psicológico.

La revisión fue recogida recientemente por The Guardian, que destaca el creciente cuerpo de evidencia científica sobre estas prácticas.

[ENLACE EXTERNO: The Guardian — “Largest review of its kind confirms benefits of tai chi and other Chinese exercises”]

Entre los beneficios observados en diferentes estudios se encuentran mejoras relacionadas con el estrés y la ansiedad, el estado de ánimo, la calidad del sueño, el equilibrio, la movilidad y determinados tipos de dolor.

Esto no significa que el Qigong sea una solución para todo ni que sustituya un tratamiento médico cuando este sea necesario.

Su valor está precisamente en otro lugar: en ofrecer una práctica sencilla y sostenible que puede integrarse en nuestra vida cotidiana y favorecer una relación más consciente con nuestro cuerpo.

Qigong y regulación del sistema nervioso

Uno de los aspectos que más me interesa del Qigong es su relación con la capacidad de regularnos.

Vivimos constantemente expuestos a estímulos: pantallas, información, responsabilidades, ruido, trabajo, notificaciones, prisas…

Y muchas veces nuestro cuerpo permanece en ese mismo ritmo incluso cuando aparentemente ya hemos terminado el día.

Los movimientos lentos, la respiración consciente y la atención plena pueden crear un espacio en el que el cuerpo recuerda la simplicidad de estar presente.

Ahora puedes soltar.

No necesitamos luchar contra el estrés.

No necesitamos obligarnos a relajarnos.

A veces simplemente necesitamos crear las condiciones para que nuestro cuerpo recuerde cómo hacerlo.

El Qigong puede convertirse así en un espacio de pausa, presencia y escucha.

Una forma de pasar de estar constantemente haciendo a permitirnos también estar.

El cuerpo como puerta de entrada

Una de las grandes enseñanzas de las prácticas orientales es que no siempre necesitamos entenderlo todo desde la mente.

Podemos empezar por respirar.

Por sentir los pies sobre la tierra.

Por notar cómo se mueve la columna.

Por observar dónde estamos sosteniendo tensión.

Por permitir que un movimiento lento nos devuelva al momento presente.

En ese sentido, el Qigong puede ser una práctica profundamente sencilla.

No necesitas ser flexible.

No necesitas tener experiencia previa.

No necesitas realizar movimientos complejos.

Solo necesitas estar presente.

Qigong para diferentes etapas de la vida

Otra de las características que hacen del Qigong una práctica tan accesible es que puede adaptarse a diferentes edades y condiciones físicas.

Los movimientos pueden realizarse de pie o, cuando sea necesario, adaptarse para hacerlos sentados.

La intensidad tampoco es el objetivo.

En Qigong, menos puede ser más.

La práctica nos invita a encontrar un movimiento que respete nuestro cuerpo en lugar de exigirle que llegue a un determinado lugar.

Y quizás ahí reside parte de su sabiduría.

Qigong, Medicina China y los ciclos de la naturaleza

En la tradición china, el ser humano no se contempla separado de la naturaleza.

Somos parte de ella.

Nuestro cuerpo también atraviesa ciclos, cambios y diferentes ritmos.

Por eso, en Halística integro el Qigong con principios de la Medicina Tradicional China, los ciclos de la naturaleza y otras prácticas de movimiento consciente como el Yin Yoga.

Si quieres llevar esta práctica a tu propia experiencia, puedes descubrir los próximos encuentros de Qigong y Yin Yoga en la Agenda de Halística.

La intención no es añadir más cosas que hacer a nuestra rutina.

Es crear espacios donde podamos volver a escucharnos.

Volver a ti

Para mí, el Qigong es, en muchos sentidos, una práctica de regreso.

Regreso a la respiración.

Regreso a las sensaciones.

Regreso al cuerpo.

Regreso al momento presente.

En Halística entendemos el bienestar como un camino de reconexión: con nuestro cuerpo, con nuestros ritmos y con aquello que nos ayuda a sentirnos más presentes y en equilibrio.

A través del Qigong, el Yin Yoga y diferentes herramientas inspiradas en la Medicina Tradicional China, creamos espacios de práctica orientados a cultivar presencia, movilidad, calma y una relación más consciente con el cuerpo.

El Qigong nos recuerda algo sencillo y profundo:

La naturaleza no tiene prisa, y aun así todo se transforma.

A veces, el primer paso hacia el equilibrio no es hacer más.

Es detenernos lo suficiente para sentir.

Respirar.

Escuchar.

Y desde ahí,

volver a ti.

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